A vueltas con el hombre extraño
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Janine, la secretaria, mirando hacia el despacho acristalado de su jefe, le dijo que no era buen momento para hablar de aumentos de sueldo.

–No parece estar ocupado, pero si entras la cagarás.

–¿Y eso? –Preguntó curioso Raúl–.

–Está escuchando a Moby, ya sabes lo que es eso –Contestó divertida Janine–

–¡Joder con el puto Moby! ¡Nunca encuentro el momento!

–Lo siento Raúl –dijo Janine divirtiéndose a su costa– te propongo un trato, si me haces unos cuantos informes de esta pila –señaló una especie de Torre de Pisa edificada en papel– te mando una alerta SMS el día que esté de buenas.

–¿Has pensado en irte al club de la comedia y hacer pareja con tu jefe? Seguro que subís la audiencia –Repuso Raúl sarcásticamente– Sois tal para cual.

–Algo de eso hemos pensado –Contestó Janine, pero el Hombre 1 ya había dado media vuelta y se afanaba en no dejar cosa sin patear. Janine sonrió y continuó tecleando–.

El hombre extraño emitió un gruñido de desaprobación al ver marchar a Raúl. Otra vez con el aumento dichoso. Qué pesadez de hombre. Todos sabían que dejaba el cargo y que sólo se iba a preocupar de lo ejecutivo, de la administración ya se encargaba el otro. Pero claro, el vínculo te otorga un mérito extra ¿no? Hay que rascar mientras se puede. ¡Bah! –Verbalizó en un gesto de desprecio–.
Claro que sólo un puto egoísta de lo más granado podría ser tan fiel como él lo era, lo del dinero era un efecto secundario. Como persona era patética, como trabajador de campo era ideal.

Shibuya se recostó en la silla mientras obsequiaba a nadie con una de sus míticas sonrisas estúpidas. Cuando volvió a posar sus ojos en el TFT, retornó al gruñido.

No le gustaban las variables a pesar de que siempre aparecían. Podían ser mayores o menores, pero inequívocamente, eran un engorro. Complicaban lo sencillo y no solucionaban lo complicado.

“Una bruja. Precisamente lo que nos hacía falta, tener por medio una bruja.”

Por el momento no estaba nada perdido, ella no podía “ver” del todo, quizás intuir pero no saber. Todavía conservaba su ventaja, su personal marca, estar por delante. El problema estribaba en que, además de tener cualidades, Wia era lista y eso le preocupaba en grado sumo. Esa inteligencia podía encender muchas mechas subyugadas. Eso era malo.
Él necesitaba gente como Raúl y no precisaba ninguna Wia.
El Empático, Carlo y Wia juntos, eran una mala combinación para él. Difícil de dominar. Fábrica de problemas.

Sabía que juntar a Jaime con el psiquiatra le otorgaba un quince por ciento de probabilidades de que todo se fuera a la mierda, pero al no tener opción, ese porcentaje se daba como capital riesgo.
Al aparecer Wia en escena, las cosas cambiaban.

Era la primera persona que se presentaba en esa casa por su propio pié. Eso la convertía en peligrosa, en muy peligrosa. Renunció a su vida sin mediar él. Mal asunto, sus motivaciones eran fuertes, podía estar histérica pero era mujer de acción. Su nivel de indefensión era minúsculo comparado con el de los demás. Su influencia sobre ella era nula (por el momento) y además, sabía que Wia lo había visto o lo había leído y que para la bruja, él era el hombre malo de la historia.

Kraken continuó gruñendo en el sillón de su despacho de hombre extraño.

Contaba con el apoyo de El Empático, eso lo sabía seguro… o casi seguro. A según qué edades hay gente a la que le da por suicidarse al no tener tiempo para poder arreglar las cosas. Pensaba que su conversación telefónica con Jaime le había “fidelizado”, estaba casi seguro… pero siempre hay que contar con el nombrado porcentaje de capital riesgo.

Si tenía a Jaime, podría obstaculizar a los otros dos por un tiempo determinado pero no estaba seguro de llegar a un final en cuesta abajo.

¡Puta bruja! –rugió al tiempo que Janine se levantaba apresuradamente a tomar café– ¡Me cago en su mierda!

En muy pocas ocasiones habían contando con una bruja, en muy pocas y siempre por el mismo motivo, desesperación.
Si eran buenas eran muy útiles pero podían saber (y hablar) demasiado y si eran malas, directamente la jodías. No eran santo de su devoción, eran poco pragmáticas, no solían servir para ese trabajo; se imbuían de los sentimientos del otro, sí, pero esa empatía las bloqueaba y el habitual recurso (en su ilustrada ignorancia) consistía en bloquear a los demás.
Su puta obsesión con el crecimiento personal tornaba a sus sensibles individuos en seres preguntones, dubitativos, inútiles y desechables.

Shi supo de Wia justo en el momento en que ella quiso saber de él y le envió unas formas de pensamiento. El hombre extraño las detectó y destruyó en el mismo instante. Quizás un segundo de sorpresa transcurrió entre detección y destrucción.
Shibuya no supo si cabrearse porque hubieran aparecido o porque le hubieran provocado sorpresa. No tardó en enviar las suyas hacia Wia, más rápidas, más hábiles, más potentes, porque él era lo más y tenía que ir Allí… y si alguien era capaz de provocarle sorpresa, ese alguien debía ser estudiado a conciencia, debía hacérsele la autopsia en vida.

El que tenía que ir Allí pensó en cómo desactivar a Wia.

No podía decirle a Jaime que la echara de la casa, no había llegado hasta su nivel sin saber que El Empático no era gilipollas, pero debía deshacerse de ella. Mientras el viejo aumentaba a Carlo también podría aumentar las habilidades de Wia y eso sería un contratiempo para él. Wia estaba muy verde pero, de madurar, incluso podría ser un rival para él mismo en el peor de los casos.

Un nuevo “clack” sonó en el cerebro del hombre extraño… ¿debía Wia viajar con él en lugar de Carlo? ¿O quizás los tres? ¡Vaya por Dios! ¿Estaba seguro de deshacerse de ella?

A lo mejor el problema es la solución.

Shibuya comenzó a reir.

Aumentemos el jodido capital riesgo… como último recurso podía ser resolutivo, quizás pan para hoy y hambre para mañana pero le evitaría problemas aquí.

Lamentablemente esa opción debía consultarla. Carlo estaba consensuado por todos y a Wia sólo la conocía él. El consejo confiaba en su criterio pero a Johan, su sustituto, era muy probable que le diera por meter baza, lo veía en sus ojos. Tenía demasiada hambre de poder. Demasiadas ganas de comenzar a marcar el arbolito.
El consejo lo había elegido a pesar suyo, no lo veía como el líder que le pudiera sustituir, su ímpetu le haría cometer errores en una época en la que no eran tolerables… pero él hacía más falta Allí y se decidió a no bloquear el nombramiento… aunque no a dejar de dominar el cotarro mientras estuviera al mando.

Necesitaba una maniobra inteligente para entretenerlos a todos. Al consejo pensando que todo va bien y a los de la casa pensando que todo va raro, pero bien.
De momento iba sobrado de tiempo aunque otra interrupción como la de Wia y comenzaría a tener que correr.
A pesar de todo, tenía margen y trataría de destruir esa dichosa variable incorporando otra.
Descolgó el teléfono.

–Janine –dijo Kraken– tráeme a Raúl ahora.

El hombre 1 golpeó suavemente la puerta. El hombre extraño le hizo pasar y sentarse frente a él. Moby aún sonaba a través del winamp.

–Raúl, necesito que esta noche vayas al almacén e infectes a Clara y Toni. Cuando mañana me lo comuniquen, completaremos el papeleo y te enviaré a retirarlos. Debes llevárselos a Jaime pero la entrega tiene que ser en blanco.
Raúl –Shibuya se mostró extremadamente convincente al dirigirse a esa patética persona– si te ven, si se entera alguien o si la cagas mínimamente dile adiós a tu puto futuro. ¡Ah! Por cierto –dijo cálidamente– si eso no sucede, si lo haces todo bien y este asunto permanece entre tú yo durante mucho tiempo… no vas a tener un aumento, serás el segundo de Johan.
Y si eres listo sabrás por qué te lo ofrezco y lo que puedes conseguir después de eso.

El hombre 1 sonrió complaciente

April 12th, 2007 at 12:24 am