A vueltas con el hombre extraño

Tras estirar su mano empática hacia ella, Jaime apenas tuvo que esforzarse para encontrar las respuestas que necesitaba.
Mientras bajaba la escalera, le daba los dos besos de rigor para después acompañarla al sofá y sentarse junto a ella a escuchar su historia… Jaime estuvo estirando su mano y no halló información alguna, nada que hubiera que buscar debajo de las alfombras, lo tenía todo a la vista, todo al alcance. Muy fácil el primer paso.

Su primera conclusión fue que Wia ejercía un acto de Fé desesperado… o no (siempre guardando el cinco por ciento, por supuesto) la segunda, que la determinación no estaba casada con la claridad puesto que a pesar de haberlo abandonado todo, la mente de Wia permanecía confusa e insegura.
Un acto de Fé era un mal primer plato para el señor S pero dicha confusión le servía un excelente postre. Como existía tranquilidad también en este segundo punto… El Empático continuó para bingo:

–Carlo, si has decidido quedarte con nosotros ¿te parece si comenzamos? –Dijo Jaime inopinadamente–.

–¿Comenzar? ¿Ahora? Creo que Wia preferirá que hables primero con ella para que nos cuente su historia y luego hagamos lo que tengamos que hacer. –Dijo Carlo un tanto sorprendido–.

–Entonces –Repuso Jaime de manera ruda– deduzco que te quedas. Es hora de comenzar y estate tranquilo, no le voy a explicar a Wia nada de lo que tú no tengas información y ella ha tenido tiempo de sobra durante esta mañana para explicarte el motivo de su viaje, si le molesta explicar las cosas dos veces pues le va a tocar hacerlo de todas maneras. –Después esta sorprendente falta de educación, El Empático se levantó del sofá–.

Tanto Wia como Carlo dibujaron caras de sorpresa y comenzaron a replicar al sentirse regañados sin venir a cuento.
El Empático no les prestó atención. Se dirigió a la entrada y abrió la puerta de la manera en que siempre ejecutaba sus movimientos, de forma suave, a cámara lenta, como si el mundo fuera un cachorro que acariciar. Se giró hacia ellos mientras sujetaba el pomo de la puerta (a la que tanta gente llamaba) y les dijo:

–Tengo una casa en un árbol, está en la parte de atrás. Venid conmigo y os la enseñaré.

Los anteriormente molestos y ahora intrigados habitantes de la casa, la rodearon siguiendo al enigmático maestro y se plantaron los tres delante del árbol en el que, sí, cierto, crecía una casa.

–Jaime, ya tienes una edad para esto de jugar a las casitas de los árboles –Dijo Carlo burlonamente–.

–La casa no está para jugar –el semblante de El Empático era sombrío– existe para trabajar y a eso vamos. ¿Ves la escalera? Pues trepa por ella. En cuanto entres por la puerta, Wia y yo marcharemos hacia nuestra charla.

–Muy bien –Carlo se propuso seguirle la corriente– y una vez dentro ¿qué hago?

–Lo único que tienes que hacer es entrar.

–¿Entrar y ya está? Perdona que te diga pero tus métodos de entrenamiento–potenciamiento no parecen muy elaborados. –Carlo intentó sin éxito llevarse a Jaime al huerto–.

–Si lo son o no, lo discutiremos después de tu ducha, tus curas y la cena –El rostro de El Empático no mudaba su expresión– ahora sube y entra. Te vendremos a buscar en unas horas.

Wia asistía atónita a la conversación. ¿Qué misterios guardaba la casa del árbol?
Carlo intentaba recibir instrucciones o consejos o explicaciones referentes a eso de “las curas” por parte de Jaime pero éste sólo repitió sus órdenes al estilo de la organización.

–Carlo, sube y entra, no hay más. Te vendremos a buscar en unas horas.

Tras repetirlo por enésima vez, Jaime giró sobre sus talones en dirección a la casa. Wia regaló a Carlo una mirada de disculpa y siguió el camino tras El Empático.

El psiquiatra se quedó solo a los pies del “Quercus Pyrenaica Willd” al que le había crecido una casa.
¿Qué árbol era ese? ¿Alcornoque, Nogal, Castaño?
La información era totalmente irrelevante, tampoco no sabía qué apariencia tenía un Alcornoque, un Nogal o un Castaño. El Castaño da castañas, el Nogal da nueces y el Alcornoque… ¡pues vete a saber!
Recordaba poner a secar hojas dentro de un libro para los trabajos del colegio pero no sabía mucho más de árboles. Sabía que salía un árbol con muy mala leche en Harry Potter, que Tita Cervera se encadenaba a ellos, que uno no se explica cómo los árboles no se mueren después de ser marcados perro tras perro, que había árboles genealógicos, de levas, de noticias, de la ciencia y por supuesto los más famosos de todos, los Putos Árboles de Navidad.

Se tenía que subir a la casita del árbol. “El mundo se me ha vuelto loco sin mi”.

Carlo se puso mentalmente en plan Cardhú para encaramarse en dirección a la copa del Roble Negro.

Tras volverle la espalda al psiquiatra ante su primer paso, Jaime retornaba de manera pausada hacia la casa y el desayuno. Wia le seguía con una ridícula expresión en el rostro, entre recelo y admiración. El Empático vio crecer la confusión en ella y eso era el extintor que necesitaban en esta mini–crisis que había supuesto la llegada de la meiga. De momento sólo buenas noticias para el señor S.

Jaime preparó un pequeño desayuno–aperitivo para ambos y durante el mismo se dedicó a soportar estoicamente el que la bruja explicara una historia que de sobras conocía. Él no la detendría para decirle que ya sabía todo lo que estaba contando y cuando ella conociera su verdad, este recuerdo le haría sentir bastante débil frente a él. Y eso era bueno.

Mientras fingía atención pensaba en sexo. Wia era una mujer bastante apetecible, no era una gran belleza de portada… pero esa mata de pelo alborotado, esos grandes ojos (para verte mejor) y ese culo apretado podían llevarte muy lejos, sobretodo si eras un tipo soltero y recién secuestrado.
¿Y eso sería bueno o malo? Probablemente al principio lo primero y al final, lo segundo. Solía suceder de esta manera. Queda contemplado, estas cosas acostumbrar a pasar.

La historia que Wia explicaba (refrendada por lo que su mente le había mostrado en el trayecto de la escalera al sofá) era como un reportaje de investigación de la tele: parte verdad y parte exageración.
Cierto era que él debía poner a Carlo en el camino por encargo de aquel hombre oscuro, cierto que habría sufrimiento, que sería penoso en algunos momentos y no era menos verdad que no se luchaba por un bien mayor pero Wia trascendía demasiada sangre de sus visiones.

Aquella mujer había conocido sus planes y fue capaz de llegar hasta su casa con un puñado de piedras y su determinación.
Eso constituía un gran logro y era digno de admiración pero había sido imprudente (por suerte para Shi).

–¿Formas de pensamiento?

–¿Sabes lo que son Jaime?

–No es la primera vez que oigo acerca de ellas y siempre me han hecho mucha gracia, son la versión mágica del correveidile.

–No es exactamente eso –Wia se sintió un poco ofendida ante el comentario– son entes mágicos creados para la realización de tareas.

–Lo que tú digas querida Wia, pero los usaste para espiar.

–Para obtener una información que no tenía –corrigió la bruja–. Todo lo que rodea a ese hombre es un poco confuso.

–¿Un poco confuso? –Jaime sonreía enternecido– Deberías saber que fue un gran error por tu parte enviar esas formas de pensamiento.

–¿Por? –Preguntó ella con temor–.

–Esa respuesta es muy fácil: Información. En nuestro juego aquel que gana es el que obtiene información y no cede ninguna. Shibuya supo de ti en cuanto le enviaste esa mierda y obviamente te devolvió el golpe. Te aseguro que ahora mismo el señor S sabe más de ti que lo que tú pretendías conocer de él. No hiciste un buen negocio y parece que tus piedras no te advirtieron lo suficiente. A ver, dime ¿encontraste a tu entrenada figurita rota en el suelo o desecha o quemada o algo parecido?

–Aparecieron destrozadas en el suelo –Dijo avergonzada– pensé que las coloqué mal y al ir consumiendo el aceite se volcaron.

–Aparecieron destrozadas… no te conformaste con enviar una.

–Envié dos porque creía…

–Creíste mal Wia, creíste muy mal. Tu “hombre malo” es una persona con muchas habilidades y tu magia es una de ellas. Deberías saber que no le gustan nada las brujas, literalmente las considera un engorro pero no así a sus conocimientos. Shibuya entiende que “lo oculto” es una buena herramienta a pesar de que brujas y magos acostumbran a aplicarlas erróneamente.
Hace ya tiempo que absorbió la sabiduría necesaria para pegarse mágicamente con el más diestro en estos temas, por eso te digo que tus piedras no te avisaron de que tu plan estaba destinado al fracaso pero obviando este tema; aunque hicieras mal o no, la cagaras o acertaras, una vez aterrizada en esta casa… te vas a convertir en otro peón de esta historia.
Eso es lo que eres ahora mismo. Sólo debería decirte que esta noche espero una llamada que me dirá lo que debo de hacer contigo y no se trata de ocultar tu cadáver sino de cómo ha decidido él que tú seas útil. Quizás te subamos a la casa del árbol o te hagamos enviar formas de pensamiento hasta que te desmayes pero ya que has pedido un papel, querida Wia, querida bruja Wicca, te aseguro que lo vas a tener.
¡Pero no pares, sigue, sigue contándome tu historia!

December 6th, 2007 at 1:26 am