–Dos llamadas en dos días –dijo Shibuya burlón– nos estamos haciendo amigos otra vez.
–No, no –contestó tranquilamente El Empático– sólo es una pausa en la jubilación, no quiero hacer amigos, además, sólo me llamas por interés.
–Cierto amigo mío, te llamo por interés ¿Qué me cuentas de esa bruja?
–Pues poca cosa, la verdad –Jaime salió de la casa mientras hablaba con S al tiempo que Wia comenzaba a preparar cena para tres– nada que tú no sepas.
–¿Y el primer análisis cara a cara?
–No escondía nada “amigo mío” tus entes le habrán podido sacar todo el suco y darte buena información, no sabe contra quién se enfrenta y no ha podido tomar ninguna medida de seguridad. Creo que por el momento, el tema lo tienes controlado.
–Por el momento dices… eso significa que también lo has visto.
–Sólo fugazmente Shi, hoy he charlado con ella unas cuantas horas y tal vez pueda existir algo entre tanta confusión, no sé si ella podrá descubrirlo en breve, pero creo que sí, que quizás pueda haberlo.
–Jaime ¿Puede ser un problema?
–Difícil de saber es.
–¿Yoda? ¿Me vas a tocar los cojones ahora después de seis películas juntos?
–¡Ja, ja, ja! No señor, no pretendo eso, sólo que no he podido disipar las dudas. Simplemente sucede que nadie en su interior lo sabe. Quizás sí, quizás no.
–Variables –gruñó el señor Sensaciones Pop– las putas variables. ¿Estimas algún porcentaje?
–Lamentablemente para ti, no. No he pasado del cincuenta–cincuenta. Si la balanza se inclinase hacia algún lado te lo comentaría pero ahora mismo no puedo concretar. Ella sólo tiene la misión de evitar muertes, sólo ha venido aquí a eso y no tiene ni idea de qué va la película pero tiene ese “algo”. Si en lugar de traerme a Carlo la hubieras dejado a ella delante de mi puerta sólo te solicitaría unos meses más de tiempo. ¡Ha dejado su vida por esta paranoia! Sólo ese acto merece respeto.
–Merece respeto pero sobretodo merece atención y creo que tengo la manera de desviar la suya, en un par de días lo acabaré de pulir y te lo podré comentar. De momento déjala a su aire, que disfrute su confusión.
–Muy bien señor misterio, esperaré ansioso sus próximos movimientos –Contestó Jaime ligeramente decepcionado–.
–Algo tengo que hacer, no se puede estar cerca de un loco y dejarlo a cargo de la olla express. Me preocupa su fé ciega, eso no es bueno. Carlo se hace preguntas y eso es lo que te hace mirar por dónde pisas. Por cierto ¿cómo está mi pupilo?
–Cómo está no lo sé pero te puedo decir dónde.
–¿Y dónde está?
–En uno de tus sitios preferidos, en el Roble Negro.
–¿Ya? –Contestó sorprendido Shibuya–.
–Sí –dijo un ufano Jaime– me he saltado los pasos previos con él. No le hacen falta y te diría más, creo que lo del árbol tampoco era necesario, me da en la nariz que bajará de él sabiendo de qué iba la historia.
–¿Lo dices en serio Jaime?
–Estoy casi seguro, dentro de un rato lo sabré, cuando mañana hablemos me lo preguntas.
–¿A llamada por día? Casi que paso, mejor te enviaré unos entes –contestó entre risas el hombre extraño–.
–Me enseñaste a verlos Shi, no es un buen negocio como se suele decir.
–Pero no te lo enseñé todo amigo mío, alguna carta debo guardar –dijo el señor S entre risas–.
–Y yo tampoco lo aprendí todo de ti –fue la rápida respuesta del viejo–. Mantén a tus entes alejados y yo haré lo propio. Será mejor que me llames y todos tranquilos.
–Por el momento será mejor lo que dices –puntualizó– te llamo mañana y me cuentas lo de la casa del árbol. Resumiendo: Carlo es el primero de la lista y debemos seguir el plan. La decisión sobre Wia la resolveré en breve. En cuanto lo decida te informo y entretanto, mantenla ocupada con cualquier chorrada y si no está receptiva, le haces aplaudir desacompasadamente. ¿Entendido?
–No creo que haga falta llegar a eso pero anda que no te gusta ¿eh, viciosillo?
–Con uno sólo no me impresiona, me pone verte dominar a miles de cerebros. Eso sí me excita. –Dijo Shouji con un deje tenebroso y sucio–.
–Gracias por sus elogios señor, hablaremos mañana supongo.
–Puesto que es lo que prefieres, sí, hablamos mañana. Buenas noches.
Jaime apretó el botón de finalizar llamada y se cambió el portátil de mano para guardar la helada zurda en el bolsillo.
Miró a través de las ventanas y observó a la afanosa Wia en la cocina. Entonces pensó en acercarse al Roble Negro, tenía curiosidad por Carlo, estaba seguro de su éxito.
La Casa del Árbol era la que decidía si el aspirante se quedaba o no, las medianías no llegaban a subir al roble y los que sólo eran buenos no pasaban la prueba, bajaban rotos.
El Roble Negro te dejaba subir a su casa pero te miraba a la cara, a las niñas de los ojos, te miraba detrás de ellas (te observaba como los ojos de Jaime le solían contemplar a él), el Roble Negro te escrutaba y te devolvía tu interior con creces, el pantano de la escuela era un árbol en casa de El Empático.
Cuando volvió a los pies de la Casa del Árbol encontró a Carlo sentado en el suelo, con la espalda recostada en el tronco del árbol y los ojos cerrados.
–Carlo –dijo Jaime suavemente– ¿estás despierto?
–Sí –contestó Carlo abriendo los ojos–.
–¿Y estás bien?
–Hombre, dentro de lo que cabe sí, me encuentro bastante bien aunque un poquito de agua oxigenada no te creas que me molestará. Reventar las ampollas de pus es divertido sólo durante un rato.
Jaime apreció las habituales heridas infringidas por la casa del árbol. Rascadas en las manos y en la cara, quizás alguna astilla clavada pero poco más.
–Tranquilo Carlo, tengo el kit del árbol preparado para ti.
–Gracias Jaime –contestaba un tipo bastante sereno en apariencia– ¿vamos a buscar ese botiquín? Espero que quede cerca de la ducha.
–Sí claro amigo, es lo que sigue cuando uno baja del Roble Negro.
–Sé la clase de árbol que es –Carlo le interrumpió excitado–. Me lo ha dicho él. ¿A que es gracioso? Tú ya lo sabías, por supuesto, tú lo sabes casi todo. Yo no sabía nada de árboles y ahora sé bastante. Hay gente que prefiere a los perros o a los gatos incluso alguna gente más rarita elige a las iguanas o a las serpientes pero tú eres un tío especial. Tienes un árbol de mascota y a decir verdad, te quiere mucho, cuenta que siempre le has cuidado muy bien. Me dijo que le haces unas buenas podas, que cuidas sus raíces e incluso que le salvaste de un incendio que le amenazaba cavando una zanja a su alrededor y cortando las ramas que sobresalían demasiado. Y todo lo hiciste tú sólo en una tarde. Todo un logro Jaime.
–Felicidades Carlo –dijo El Empático de manera efusiva– Si te ha explicado todo eso es que le ha quedado tiempo libre. Eres nuestro hombre, no hay duda, es la prueba definitiva.
–¡Jaime coño! –Carlo se puso en pie y le habló a Jaime bastante cerca de la cara obsequiándole con unos cuantos esputos involuntarios–. Que me has hecho subir a una casa que no existe y me he sollado las manos pensando que estaba en un sofá, que llevo horas hablando con un árbol y me ha dicho un montón de cosas con sentido ¡CON SENTIDO! Existe un árbol que me ha dicho cosas que encajaban, me ha explicado todo el rollo de la escuela y el pantano. ¿De verdad usáis ese pantano? Un árbol me ha explicado historias que acojonan. ¿Por qué demonios me felicitas? ¿Por perder la razón?
–No Carlo, te felicito porque la conservas, porque el Roble Negro te ha permitido conservarla al ciento por ciento y porque os habéis hecho amigos y el que tiene un amigo tiene un tesoro.
El psiquiatra miró a El Empático como alucinado. El Quercus Pyrenaica Willd permanecía callado y discreto, como era su costumbre.
–Jaime, no quiero estar aquí pero no me he escapado. No pienso en volver a mi vida porque sé que no existe, que la habéis borrado. No sé para qué me queréis pero obviamente nada será bueno para mí. Sois tenebrosos, sois la puta oscuridad. Tú eres un viejo en bata y zapatillas y tomas copas en casas de putas hasta caerte redondo pero me das puro miedo y tu amigo, el jodido hombre extraño, todavía más ¡Y ni siquiera es tu amigo! ¡Lo odias más que yo! ¿No es verdad? Aún así no existe lugar donde esconderse de vosotros. ¿Me estás hablando de amistad? ¿Tu árbol es mi amigo? No creo que me sirva de mucho si tú no lo pretendes. Sé que me utilizas. Sé que me atarías a las vías. Sé que soy tu pasaporte. Sé que en el fondo eres un cobarde y por culpa de eso me arrastras hacia la oscuridad y al miedo perpetuo. Eso le contaba a tu árbol, la historia de una canción, la de un tío que camina solo, que siempre tiene miedo de que haya alguien cerca, de que siempre haya alguien ahí, es un hombre que camina solo en medio de la oscuridad, asustado. Como canción está bastante bien, podría ser un buen relato pero la realidad es que ese es el futuro que me habéis preparado, lo sé, no acierto a entender el por qué pero es lo que tenéis dispuesto para mí y la verdad es que no parece agradable. No me hables de amigos por favor, aquí no encontraré ninguno.
Jaime estaba realmente contento con la perorata de Carlo e intentó disimularlo. Ahora estaba totalmente convencido de que la misión tendría éxito, eso estaba muy claro aunque quizás no habría que preocuparse tanto de potenciar a Carlo como de asegurarle que encontraría algo bueno al final del camino. Ahora Jaime estiraba su mano con una ligera precaución, todavía no le detectaría pero algo de cuidado nunca está de más.
–Carlo –El Empático le habló con toda la pompa aconsejable– creo que eres el mejor aprendiz que me hayan traído jamás. ¿Recuerdas lo que te dije de la prueba del nueve? Llevas dos días aquí y te aseguro que has superado los meses de entrenamiento de algunos. Confía en mí. Por mucha oscuridad que veas y te infieras no es lo único que existe. Cuando concluyas tu trabajo tendrás un mundo a tu disposición…
–¡Y tú tendrás tu puta jubilación tranquila! –Le espetó Carlo con rabia– Jaime, no me voy a negar a lo que hayáis dispuesto para mí porque sé que no puedo, por mucho que lo intente no podré con vosotros pero no me engañes como si fuera un niño. Sé que me hablas y me mientes a partes iguales, no puedo ver dentro de ti aunque, espera… quizás con un poco de entrenamiento… supongo que podremos acabar esta conversación. ¿No es así amigo?
–Tal vez sí o tal vez no, eso aún está por ver pero te digo una cosa, si consigues leer dentro de mí ya no le haré ninguna falta a Shibuya. En ese caso me ofrecerías una jubilación garantizada querido Carlo porque quizás entonces, se decida que la gente se dedique a llamar a tu puerta –Repuso con una sonrisa El Empático–.















No comments yet.
RSS feed for comments on this post.
Sorry, the comment form is closed at this time.