La verdad es que es una putada haberte mentido de esta manera y en un aspecto tan delicado para ti como era el de despedirte de mi para siempre pero era necesario, como sabes, siempre es necesario. Lamento profundamente haberte engañado de forma tan premeditada, sé que no me crees pero es cierto.
Como carta de disculpa no presenta un gran comienzo aunque el arrepentimiento es sincero, te lo aseguro.
Sé que Janine te acaba de traer esta carta. Que contra toda tu voluntad la estás leyendo sentado en mi mesa, con un gran cabreo y con una serie de cargas que odias y no deseas… pero era necesario, ES necesario.
O al menos para nosotros (tú y yo) es necesario, aunque no nos guste admitirlo. No tenemos familia ni amigos, no tenemos nada que no sea el trabajo derivado de nuestra habilidad. Por mucho que nos alejemos de él (como tú has intentado) al final siempre acabamos enfrascados en una nueva historia casi sin darnos cuenta.
Te escribo esta despedida tras nuestra segunda llamada en años, acabo de colgar el teléfono mientras tú te dispones a bajar a Carlo del Roble Negro.
Ahora que sé que todo lo que tengo planeado se cumplirá, no quiero esperar más tiempo para redactar una carta que deseo escribir hace meses, necesito eliminar este run–run de mi cabeza… Y ahora tuerces el gesto, pero es que es cierto, existe esta inquietud en mi cerebro y pretendo extirparla tecleando. Te aseguro que espero conseguirlo pero dudo de llevar a cabo mi propósito, será quizás una de las pocas veces en que no lo consiga. También sé eso y me voy teniéndolo muy claro.
Sé que nada ha ido como esperabas ni como es la costumbre pero también sé que tú sabías que yo debía ir Allí y que eso conlleva ciertos “sorpresivos” cambios en el procedimiento. Ir Allí implica terremotos y tú lo sabes de sobras pero a pesar de eso, como sólo pensabas en la jubilación, estás tan alucinado como cualquiera, un fallo por tu parte pero seguro que es el último.
Dejando de lado esta misión de la que ya has vivido el resultado, fundamentalmente te quiero escribir acerca de tus nuevas y no deseadas responsabilidades empresariales.
El por qué te lo digo rápido: No encontré a nadie mejor que tú para sustituirme. No hay más que eso. El “consensuado” Johan es un mierda, no tiene nivel, no sabe reaccionar ante un imprevisto, no tiene capacidad suficiente.
¡Que le viene grande coño! Le viene enorme, grande no, enorme.
Con decirte que creo que el que más se le aproxima es Raúl te lo digo todo. Durante mucho tiempo aposté por Luis, era perfecto, un tipo hábil y además listo, serio y consecuente… pero cuando apareció Clara supe que no sería profesional. Lo tuve que borrar de la lista y no pienses que no me fastidió, lo peor del caso es que ahora creo que se ha convertido en una amenaza que debes anular. Subraya esta frase, es muy importante que lo desactives o como mínimo que lo intentes. Él es de los buenos, nos sería muy útil si no fuera tan cabezón, es un poco parecido a ti pero menos sabio. Como quiera que Raúl también será un problema, la mejor opción sería que se dedicara a trabajarse a Luis y puesto que se profesan un gran amor no sería mala idea proporcionarles un par de cuchillos y un ring. Acepta este consejo gratis de tu antecesor en el cargo.
Volviendo a Johan y a ti: Justo antes de terminar nuestra misión, sufrirá un desvanecimiento y dejará de ser útil. Aún no tengo claro en qué estado dejarle porque tampoco me cae mal del todo, es mi rollo sentimental (sé que no te estás riendo pero yo sí). Una idea me ronda por la cabeza aunque no sé si seré capaz de llevarla a cabo, es algo complicada pero si funciona lo sabrás, digo yo.
Total, para no aburrirte demasiado, que la situación del asunto es que:
1º Yo me voy Allí
2º Mi consensuado sustituto está alelao
3º La cosa está fea.
Está más que escrito en todas partes que si se descabeza la compañía por aquí abajo, el número que hay que marcar es el tuyo. Claro que como tú ya no quieres hacerlo al natural, pues con el cabreo que llevas ahora mismo casi que mejor lo dejamos.
Pues no. Tienes que ser tú a pesar de que está difícil el tejemaneje. ¿Cómo te puedo obligar –oootra vez– a que me sigas? (a pesar de que quieres hacerlo, no lo niegues) ¿Cómo me puedo ir con la tranquilidad de que se cumplirá lo que está designado?
Siendo cruel.
No encontré mejor manera. Lo siento. Me he devanado los sesos pensando pero era la única forma de asegurarlo todo, de asegurarme que estarías en mi despacho después del panorama que te he dejado. Por eso sé positivamente que ahora estás en mi mesa leyendo esta carta y te digo que si te dedicas a mis responsabilidades no habrá más castigo para nadie. Te digo “nadie” porque aún no me he decidido, tienen que pasar unas semanas aún pero como te comentaba al principio, quería escribir esta carta ya. De todas maneras ese nadie no va a sufrir ningún daño y ni siquiera recordará nada malo, nada de susto para nadie si tú cumples con tu cometido.
Y de verdad (insisto) que siento obligarte y llevarte a rastras siempre pero con esa cabezonería tuya no me dejas otra opción. Escúchame atentamente: No podrás jubilarte nunca y olvidar menos todavía. El que entra no sale. Naciste para esto y no hay otro camino posible. Cuando por fin lo asumas, tu vida será más fácil, además, eres el puto jefe del sur de Europa, deberías estar contento pero por supuesto no lo estás.
Como que me da lo mismo (aunque no es verdad del todo) estoy por despedirme pero no sin antes decirte que mires la agenda. La tienes llena hasta dentro de tres meses, fíjate qué gracia ¡otra putada! Janine te será de mucha ayuda, cuídala bien, es una gran trabajadora. Probablemente te acosarán los señores del Norte para preguntarte por tus planes (recuerda que les acojonas a base de bien y eso siempre es divertido) simplemente diles que te guiarás por el Plan B Establecido. El Plan B Establecido no es más que una patraña que llevo años explicándoles o sea que seguro que se lo tragan como un yogur con trocitos de frutas.
Para llevar el día a día de la empresa no tendrás ningún problema, estarás activo pero tranquilo, no problemo amigo. Quizás lo más complicado sea encontrar a alguien para sustituir a Luis en la escuela y sobretodo el día que se decida que se necesita más gente Allí… pero creo que pasará bastante tiempo antes de nuestro reencuentro, intentaré resarcirte asegurándote eso al menos.
Que tengas suerte en tu nueva vida.
Un Abrazo
Fdo. El señor eSe.
Jaime dobló con cuidado la carta para introducirla de nuevo en el sobre. La guardó en el primer cajón. Tras la puerta, Janine esperaba nerviosa su reacción y al no producirse, minutos después le interrumpió:
–Jaime ¿quieres tomar algo?
–Tranquila Janine, no voy a destrozar el despacho ni nada por el estilo. Si quieres puedes irte a casa, nos veremos mañana y planificaremos todo lo que deba hacer –Le dijo El Empático con la mente lejos, muy lejos–.
–Bien entonces. Hasta mañana Jaime.
–Hasta mañana Janine. Apaga la luz al salir por favor.
La eficaz secretaria cerró la puerta dejando a El Empático sumido en la penumbra sólo iluminado por la pantalla del ordenador en la que se movía de forma epiléptica el logotipo de la compañía.
Recordaba que el día había comenzado como el último en aquella empresa maldita y que se sintió tremendamente feliz al despertarse por la mañana. Shibuya tenía razón, estaba tan obnubilado por la perspectiva de la libertad definitiva que perdió el mundo de vista. Fue un error muy grave aunque sólo afectaba a su orgullo, de cualquier otro modo hubiera acabado sentado en esa silla: le hubiera dado más quebraderos de cabeza al Señor S, puesto más impedimentos, obligarle a hacer más piruetas pero indefectiblemente él hubiera acabado en el mismo sitio.
La malignidad de su error hizo que las pasara canutas inflingiéndole un sufrimiento innecesario mientras aseguraba el éxito de la misión.
Jaime repasaba sus torpezas y sus cegueras… que siempre le conducían a Wia. Ella veía sangre y fue a él. Lo dejó todo. Quizás no creerla no era un error por sí solo. Lo común era no hacer mucho caso a las de su “departamento” pero Shibuya sí había prestado siempre atención por la bruja. Demasiados recelos, excesiva cautela, fue en ese descuido donde nació el gran error. ¿Cuándo el Gran Señor S temía tanto a alguien?
“Siempre que es necesario amigo Jaime, siempre que es necesario”
En su cerebro las palabras del hombre extraño resonaron y se rieron de él durante un largo rato.
Se levantó en dirección al mini–bar. Shibuya no era bebedor pero siempre disponía de un buen cargamento de alcohol en sus oficinas, decía que le gustaba servirse una copa mientras mascullaba: ¡Sue Ellen, estás borracha!
El incoherente sentido del humor de aquel hombre aparecía por cualquier lado.
Mientras su mano cogía el cuello de la botella de Knockando vio un CD sobre las copas, tenía un post–it enganchado.
“Buena hora para escuchar música”
El Empático sonrió ante las chorradas del admirador de J.R. Ewing, se sirvió la copa y volvió hacia la silla.
Al abrir el CD, una hoja cayó al suelo, Jaime la recogió con gesto malhumorado esta vez, no era el mejor día para ponerse a hacer ginkanas. La nota era escueta, apenas dos líneas en la pulcra aunque apretada letra de Shibuya:
“Al tiempo de comenzar este proyecto escuché esta canción y ciertas similitudes me hicieron reír mucho. Espero que la disfrutes. PD: Si metes el CD la canción arranca sola.”
La referencia a su analfabetismo informático era de lo más típico aunque bien cierta, le costó un par de minutos dar con el botón de la apertura del CD y con el propio aparato.
Jaime introdujo el disco y al poco, comenzó a sonar aquella extraña e infantil canción.
A medida que la extraña e infantil canción avanzaba a Jaime se le fueron erizando todos los pelos del cuerpo al escuchar las “ciertas similitudes”.
Al oir el final sintió frío, mucho frío.
Vació la copa en su boca y volvió a escuchar aquella canción.
Una y otra vez.
Horas.















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